miércoles, 15 de octubre de 2008

UN MÉDICO MÍSTICO

Cierto día, para demostrar la posición suprema de Srîmatî Râdhârânî, Krsna simuló enfermarse de repente. Mientras yacía enfermo, el propio Krsna se presentó en otra forma, bajo la apariencia de un médico, y dijo:
- ¡Oh Yasodâ! Escuché decir que tu niño se encuentra aquejado por alguna enfermedad. ¿Es cierto?
- Sí, sí, ¿quién es usted?
- Soy un médico, un médico místico. Quisiera ver a tu hijo. ¿Cuál es su mal?
- Sufrió un desmayo. Quizás sea un dolor de cabeza.
Más tarde, Krsna, bajo el disfraz de médico, le dijo a madre Yasodâ:

- Esta es una enfermedad muy seria. Yo deseo curarle, pero sólo podría hacerlo si puedo conseguir un poco de agua que haya sido traída en un reci­piente perforado. Hay que traer agua del Yamunâ en un recipiente lleno de agujeros. Solamente una mujer casta puede lograrlo. Una joven casta debe traer un poco de agua en un recipiente perforado. Con ella podré preparar alguna medicina para este muchacho, que así recuperará el conocimiento de inmediato.
Aturdida, Yasodâ comenzó a buscar por toda Vrndâvana una mujer casta. Jatilâ y Kutilâ eran la suegra y la cuñada de Râdhârânî. Debido a que ellas solían afirmar que había duda o suspicacia acerca de la castidad de las otras jóvenes gopîs, por lo general se les consideraban muy castas. Por lo tanto, Yasodâ apeló primero a una de ellas, Jatilâ:
- Toma este recipiente perforado y busca un poco de agua del Yamunâ.
- ¿Cómo dices? Es imposible ir a buscar agua en un recipiente perforado.
- No, el médico dice que una mujer verdaderamente casta puede buscar agua en un recipiente perforado.
Jatilâ no pudo eludir la descabellada petición de Yasodâ. Su ruego era tan vehemente, que tuvo que ir. Sin embargo, no pudo traer el agua del Yamunâ porque había numerosos agujeros en la vasija. A continuación se le pidió a Kutilâ buscar el agua en el recipiente. Ella no se atrevía a aventurarse después del fallido intento de su madre, pero la súplica de Yasodâ era tan apremiante, que tampoco pudo negarse. Yasodâ no podía tolerar ni por un segundo que su hijo permaneciera en semejante condición. Su ruego era tan intenso que Kutilâ tuvo que ir; pero tampoco pudo traer el agua porque había tantos agujeros en la vasija que esta se colaba.
Todos se sentían perplejos, pensando: “¿Qué podemos hacer? ¿Acaso no hay una sola joven casta entre todas las doncellas de Vraja? ¡Qué cosa tan terrible!” Krsna, en Su papel de médico, señaló a Râdhârânî, diciendo: “Pienso que ella es una joven casta. Pídanle que vaya en busca del agua”.Ante la súplica de Yasodâ, Râdhârânî no pudo eludir la tarea. Tuvo que ir en busca del agua, pero fue pensando en Krsna. Ella oró: “Sólo será posible si Tú vienes a socorrerme, de lo contrario, será imposible”. Râdhârânî sumergió el recipiente perforado en el río al tiempo que Krsna lo tocaba por debajo del agua. Con gran recelo, Râdhârânî extrajo el recipiente y llena de asombro exclamó:
“¡El agua sigue allí!” Ella había llevado consigo a algunas de sus asistentes, las sakhîs, sus amigas principales, y todas quedaron atónitas al ver cómo ella extraía el agua del Yamunâ. Los agujeros estaban allí, pero aun así el agua permanecía en el recipiente. Ella llevó el agua a Yasodâ y todos que­daron asombrados. Con el agua le fue administrado al niño Krsna un medi­camento imaginario y éste despertó de Su “estado inconsciente”.

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